viernes, 7 de enero de 2011

cita 5: Manera manantial


"La manera no es ni género ni individuo: es un ejemplar, esto es, una singularidad cualsea. Es probable, entonces, que el término maneries no derive de manere (para expresar la permanencia del ser en sí mismo, la mane plotiniana, los medievales decían manentia o mamio) ni de manus (como quieren los filólogos modernos), sino de manare y así indicaría el ser en su surgimiento. Según la escisión que domina la ontología occidental, no se trata ni de una esencia ni de una existencia, sino de una manera manantial; no es un ser que es en este o aquel modo, sino un ser que es el modo de ser propio,y por tanto, aún siendo singular y no indiferente, es múltiple y vale por todos.


(…)


El ser que no permanece bajo sí mismo, que no se presupone a sí como una esencia escondida, que el azar o el destino empujarán después al suplicio de las cualificaciones, sino que expone en él y sin residuos su así, un tal ser no es accidental ni necesario, sino que, por así decirlo, es continuamente generado según su propia manera.


(…)


Quizás el único modo de comprender este libre uso de sí, que no dispone sin embargo de la existencia como de un a propiedad, es aquel de pensarlo como un hábito, un ethos. Ser generado según la propia manera de ser es, desde luego, la definición misma del hábito (por esto los griegos hablaban de una segunda naturaleza): ética es la manera que no nos sucede, ni nos funda, sino que nos genera. Y este ser generado de la propia manera es la única felicidad verdaderamente posible par a los hombres."



Fragmentos de: VII Maneries, "La comunidad que viene" (1996) Giorgio Agamben


miércoles, 5 de enero de 2011

cita 4: cuerpo(s)

2


El cuerpo es material. Es aparte. Distinto de los otros cuer-

pos. Un cuerpo empieza y termina contra otro cuerpo.

Incluso el vacío es una especie muy sutil de cuerpo.


"58 indicios sobre el cuerpo" (2007) Jean-Luc Nancy

lunes, 3 de enero de 2011

cita 1: Cualsea



1
Cualsea

El ser que viene es el ser cualsea. En la enumeración escolástica de los trascendentales (quodlibet ens est unum, verum, bonum seu perfectum, cualquiera ente es uno, verdadero, bueno o perfecto), el término que condiciona el significado de todos los demás, a pesar de quedar él mismo impensado en cada caso, es el adjetivo quodlibet. La traducción habitual en el sentido de «no import a cuál, indiferentemente» es desde luego correcta, pero formalmente dice justo lo contrario del latín: quodlibet ens no es «el ser, no importa cuál», sino «el ser tal que, sea cual sea, importa»; este término contiene ya desde siempre un reenvío a la voluntad (libet): el ser cual- se-quiera está en relación original con el deseo.
El cualsea que está aquí en cuestión no toma, desde luego, la singularidad en su indiferencia respecto a una propiedad común (a un concepto, por ejemplo: ser rojo, francés, musulmán) , sino sólo en su ser tal cual es. Con ello, la singularidad se desprende del falso dilema que obliga al conocimiento a elegir entre la inefabilidad del individuo y la inteligibilidad del universal. Pues lo inteligible, según la bella expresión de Gerson, no es ni el universal ni el individuo en cuanto comprendido en un a serie, sino <<la singularidad en cuanto singularidad cualsea». En ésta, el ser-cual está recobrado fuera de su tener esta o aquella propiedad, que identifica su pertenencia a este o aquel conjunto, a esta o aquella clase (los rojos, los franceses o los musulmanes); el ser-cual está retomado no respecto de otra clase o respecto de la
simple ausencia genérica de toda pertenencia, sino respecto de su ser-tal, respecto de la pertenencia misma. Así, el ser-tal que permanece constantemente escondido en la condición de pertenencia (existe un x tal que pertenece a «y») y que en modo alguno es un predicado real, sale él mismo a la luz: la singularidad expuesta como tal es cual-se-quiera, esto es, amable.
El amor no se dirige jamás hacia esta o aquella propiedad del amado (ser blanco, pequeño, dulce, cojo), pero tampoco prescinde de él en nombre de la insípida abstracción (el amor universal): quiere la cosa con todos sus predicados, su ser tal cual es. El amor desea el cual sólo en tanto que es tal y éste es su particular fetichismo. Así, la singularidad cualsea (lo Amable) no es jamás inteligencia de algo, de esta o aquella cualidad o esencia, sino sólo inteligencia de una inteligibilidad. Ese movimiento, que Platón describe como la anamnesis erótica, transporta el objeto no hacia otra cosa y otro lugar, sino a su mismo tener lugar, hacia la Idea.


"La comunidad que viene" (1996) Giorgio Agamben
Edición: Pre-Textos 2006

Lluvia de ideas

La idea de estas primeras entradas es compartir textos, imágenes y referencias sin un orden concreto....